
Introducción
Lo fundamental sobre nuestras chimeneas eléctricas montadas en pared es que se basan en una idea técnica: la calefacción por infrarrojos.
No se trataba solo de proporcionar calor que desapareciera en cuanto se apagara la unidad. Se buscaba un calor que perdurara. Por eso, cuando la chimenea se apaga, la habitación retiene el calor. Esto ocurre porque la energía infrarroja ya ha sido absorbida por todo lo que la rodea. No se pierde, simplemente queda almacenada.
El secreto del calor que perdura
Considere un calefactor convencional. Este calienta el aire y en cuanto se apaga, el calor desaparece.
Nuestro sistema de infrarrojos funciona con diferentes principios. Emite radiación infrarroja de onda corta que atraviesa el aire para calentar objetos sólidos: suelos, muebles, paredes. Luego, esos objetos actúan como una batería térmica, irradiando el calor almacenado de vuelta al espacio.
Es ahí donde se produce el efecto después del apagado. El calor no desaparece, solo cambia de forma.
El equipo que lo hace posible
En el núcleo del sistema se encuentra un tubo de halógeno de cuarzo de alta potencia, diseñado para encenderse rápidamente.
El recubrimiento del tubo está seleccionado específicamente para emitir la mayor cantidad posible de energía infrarroja. El objetivo es que la energía se convierta en calor radiante y no se desperdicie calentando el aire.
Este componente es resistente. Puede soportar el ciclo repetido de encendido y apagado sin quemarse. Los conectores están diseñados para una conexión sólida de grado industrial, con especificaciones que soportan la demanda eléctrica sin calentarse ni añadir resistencia. Este sistema está concebido para un uso prolongado, no solo ocasional.
Beneficios prácticos (y una pequeña consideración)
Al integrar este sistema en una chimenea montada en pared, se obtiene un alto rendimiento térmico en un espacio reducido.
El calor se percibe de inmediato y no hay corrientes de aire frío.
Sin embargo, existe una consideración: dado que el calor se transfiere directamente a las superficies, se genera un gradiente térmico, es decir, los objetos en la línea directa de visión se calientan más que los que están en posiciones laterales. Esto implica que la ubicación debe planificarse adecuadamente.
Para quien realiza la instalación, la ventaja es clara: un sistema de bajo mantenimiento que ofrece confort radiante estable, incluso después de apagar la unidad.
El calor permanece en el lugar deseado.